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domingo, 1 de julio de 2012

La rivalidad que inquieta el reinado de Madonna en el pop mundial


En 2012, la cantante ha usado sus shows para remarcar su dominio histórico y para disparar contra Lady Gaga, su gran adversaria.
La prensa especializada se quedó con lo lógico: la pirotecnia audiovisual, los dardos hacia la política y la religión, y los efectivos intentos por mantenerse en la primera línea del pop planetario. Pero el primer show del nuevo tour mundial de Madonna, el 31 de mayo en Tel Aviv, guardó una reveladora interpretación para ojos más astutos. Por primera vez en sus tres décadas en la ruta, la norteamericana utilizó parte de su espectáculo para remarcar de manera insistente su hegemonía en el pop femenino y para aludir con cierta mordacidad a la única estrella actual capaz de contrapesar su dominio: la estadounidense Lady Gaga.
“¡Yo no soy ella!”, fue el grito lanzado por la chica material tras pegar su hit Express yourselfcon un trozo de Born this way, de Gaga. Antes le había encargado el trabajo sucio a una de sus secuaces. Sobre la pantalla gigante, la rapera Nicki Minaj -invitada en su último título,MDNA (2012)- aparece para sentenciar con claridad: “¡Hay una sola reina y es Madonna!”.
Difícil cuestionar la palabra de Minaj. La voz de Like a prayer sigue sentándose con comodidad en el trono más alto del negocio musical y su etiqueta de reina del pop aún vive sin desvanecerse. Pero, por primera vez desde los 80, ha asumido que tiene una alta competencia en el circuito actual y que ha asomado una figura usada por los medios como comparación constante para su presente, como un moscardón que cada cierto tiempo revolotea en el oído.
De hecho, el periódico The New York Times postuló que su último lanzamiento nació bajo el fantasma de la mujer de Poker face. Si en su título anterior, Hard candy (2008), Madonna reclutó a los productores que por esos días dominaban el hip hop y el R&B (Pharrell Williams, Timbaland), el suceso del estilo dance de Gaga -siempre más preocupada de la pista de baile que de la variedad estilística- hizo que MDNA fuera un compendio de géneros servidos para la noche, como el electrodance y el dubstep, a cargo de ilustres del rubro electrónico.
Por su parte, Billboard las puso frente a frente en el otro ring que mide fuerzas: las cifras comerciales. Además, usó a Lady Gaga como barómetro para demostrar los traspiés que ha tenido el reciente trabajo de la diva de los 80. En su primera semana a la venta, MDNAdespachó 360 mil copias, llegó al número uno del ranking y se convirtió en el estreno discográfico más comercializado de 2012. Eso sí, siete días después, el álbum sólo facturo 48 mil ejemplares, descendió sus ventas en un 88% y materializó la mayor caída de un disco que alcanzó el primer puesto de ese listado desde 1991. Como un espejo de ese vaivén, Born this way (2011), la última entrega de Lady Gaga, obtuvo mejores dividendos, timbró 1,11 millón de álbumes en su semana debut y en la segunda alcanzó los 174 mil.
Epocas distintas
Como si se tratara de una carrera no explícita, ambas impulsaron sus giras mundiales con un mes de diferencia: la madre superiora la inauguró a fines de mayo, mientras que su discípula lo hizo en los últimos días de abril. Como un bonus track salpicado por el morbo, los dos recorridos son manejados por Live Nation, el gigante del espectáculo que ha debido maniobrar como cirujano para evitar que sus dos minas de oro se fagociten en la prensa y en la taquilla. Para ello, estableció rutas que revelan cómo se reparten el mercado musical del orbe: la voz de Alejandro ha focalizado sus fuerzas en Oceanía y en países como Corea del Sur, Tailandia y Filipinas. Según Johnny Morgan, autor del libro Gaga, se trata de latitudes más impresionables con su exotismo estrafalario e indiferentes hacia el modelo de subversión occidental y tradicional de Madonna.
En contraparte, la chica material ha volcado su tour en sus terrenos de siempre: Europa, EE.UU. y Latinoamérica. Como una suerte de llamado de alerta, los propios ejecutivos de Live Nation reconocieron en Forbes que el periplo de MDNA no ha generado estallidos de locura en las boleterías y que la reacción ha sido buena, pero moderada. Aunque Gaga también ha gozado de resultados dispares, su primera vez en muchos países y su estampa de estrella contemporánea ha hecho que los tickets se agoten en el primer día, sobre todo en Asia.
En Chile, la estrategia de la organización de ambas visitas ha sido igual de rigurosa. Mientras el concierto de Madonna, el 19 de diciembre en el Estadio Nacional, se anunció en abril, el debut de su contraparte está cerrado para el 15 de noviembre en el mismo lugar, aunque recién se oficializará en agosto, para no hacer ruido en las ventas del show de la primera.
Pese a los cuidados, Lady Gaga no ha tenido reparos en responder las pullas de su coterránea. En un reciente concierto en Nueva Zelandia, se dirigió a los fans y les dijo: “No quiero ser su maldita reina y decirles lo que tienen qué hacer. Yo quiero ser la amiga de ustedes”. Luego, en charla con la revista NME, la comparó con las personas que hacen bullying colegial y detalló: “No quiero pelear con ella, porque las cosas no son como hace 25 años”.
Según sus biógrafos, esta batalla encarna el enfrentamiento de dos eras: mientras Gaga vendió a 99 centavos su último álbum en la web, Madonna sólo hace un par de semanas advirtió los nuevos derroteros del mercado y adhirió su último trabajo a la compra de un ticket para su show; mientras en marzo la primera superó los 20 millones de seguidores en Twitter, la segunda recién por esa fecha estrenó una cuenta que hoy luce casi inactiva; y, finalmente, la veinteañera se ha atrevido a competirle en un área que parecía patrimonio de su antecesora y en la que jamás se entrometieron Cyndi Lauper, Beyoncé o Shakira: la provocación estética y sexual. “Sí, he asumido que hoy no es tan fácil ser número uno, la competencia está dura”, reconoció Madonna en su última entrevista con la NBC, aceptando el nuevo estatus de su monarquía.

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